sábado, 26 de noviembre de 2011

Las moscas - Antonio Machado

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.

¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,

—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,

de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,

de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado

sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Ojos brillantes


Me parece sencillamente genial, ya se que son 20 minútos y que da pereza, pero es muy bueno, que la pereza no te prive de ver este video. Quien me lo enseñó me dijo que le había cambiado la vida; no es que le vaya a cambiar la vida a todo el que lo vea, pero a nadie va a dejar indiferente. ¡Que lo disfrutéis!

domingo, 30 de octubre de 2011

Exterior / interior


"¡Poderse ver desde fuera! ¡Poderse ver desde fuera! Esto he deseado muchas veces" "¡Dejar un nombre! (...) Parece imposible que se ame más al nombre que a sí propio. He aquí la forma de la mortal esclavitud que hace que sacrifiquemos nuestra realidad a la apariencia que de nosotros hay en las mentes ajenas, que sacrifiquemos nuestro propio ser al concepto que de nosotros se ha formado el mundo"  
 
Esto se decía Unamuno a sí mismo en una de sus reflexiones. Por importarle demasiado lo que los demás piensen de él y por buscarse a sí mismo desde fuera, mirándose a sí mismo desde fuera (como los demás le ven), acabó por perderse a sí mismo. S. Agustín ante un dilema parecido encontró una solución muy diferente:

"No vayas afuera, entra dentro de tu alma, porque en el hombre interior habita la verdad; y, si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a tí mismo, más no olvides que, al remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma, dotada de razón. Encamina, pues, tus pasos allí donde la luz de la razón se enciende. Pues ¿adónde llega todo buen pensador sino a la verdad?"

lunes, 24 de octubre de 2011

Castillo de Acher

Esto que veis es el Castillo de Acher, un pico del pirineo aragonés. Ayer me fui con unos amigos a subirlo... hoy casi no puedo ni andar.

Hay que decir que es precioso, un paisaje magnífico. La primera mitad de la subida se hace entre árboles, atravesando un bosque que, tengo que reconocer, no sabía que pudiera tener tantos colores. A partir de ahora, cuando me hablen de un bosque, se acabó el imaginarme un montón de troncos marrones con copas verdes, nada más lejos que eso. Una inmensa gama de amarillos, marrones y verdes te acompaña a lo largo de ese tramo del camino.

Empezamos a un ritmo más alto del que yo iba a poder aguantar, pero los compañeros con los que fui no tuvieron problemas. Cuando estábamos llegando al final del bosque, yo me empecé a sentir agotado, las piernas me pedían parar. Miré el reloj y vi que llevábamos unos 50 minutos "lo que me queda" pensé (me dijeron que eran unas tres horas de subida). Poco después de salir del bosque la cosa se puso muy cuesta arriba y me desfondé. Tuve que parar mientras que los demás siguieron subiendo; aunque no de ellos se quedó conmigo. Ya me iba dando cuenta de algo más o menos evidente: no iba a llegar a la cima. No habíamos llegado a la mitad y yo ya no podía más.

Comí algo y bebí un poco de agua. Dicen que me dio una "pájara", vamos, que me quedé sin energías. Aprendí que cuando vas al monte la clave es encontrar tu ritmo, no todos pueden ir al mismo, y si intentas ir más rápido te pasa lo que a mí, que te vienes abajo. "Si encuentras tu ritmo puedes subir lo que sea" me dijo el que se quedó conmigo. Reanudamos la marcha. Yo ya pensaba "bueno, llegaré hasta donde pueda", me daba rabia no llegar hasta la cima, pero si no se puede no se puede, y alas todavía no he desarrollado.

Empecé a ir a un ritmo más lento, yo por mi cuenta y los demás por delante. Pasito a pasito y con breves paradas para contemplar lo que dejaba a mis espaldas, finalmente conseguí llegar a la cima. Una experiencia increible que aconsejo a todos. Subí la última piedra y allí estaban mis compañeros, contemplando el paisaje. El viento casi te hacía volar, pero las vistas y la sensación de estar ahí arriba después de haberlas pasado canutas mereció la pena.

viernes, 21 de octubre de 2011

Contra el argumento ontológico

Ya expuse hace unos días el argumento ontológico de S. Anselmo. Lo he estado estudiando un poco, y esto significa que he tenido que leer objeciones y respuestas a este argumento de distintos filósofos. Como ya dije, prácticamente todos los grandes filósofos hasta la modernidad lo han aceptado como bueno, pero Kant y Sto. Tomás no son de ellos.

Durante el tiempo que estuve leyendo sobre él pasé por ambos bandos: ahora me lo creo, ahora no, ahora me convence, ahora no… Cambié de opinión varias veces, pero ahora creo haberme asentado firmemente en una de ellas: el argumento ontológico es una falacia, es falso.

S. Anselmo y Descartes entre otros dirían que Dios es lo máximamente pensable, lo más perfecto que se puede pensar, y como existir es más perfecto que no existir (una isla que existe es más perfecta que una que no existe), necesariamente Dios existe. A esta forma de pensar se le puede atacar dos puntos: el que ataca Sto. Tomás y el que ataca Kant; aunque en parte están atacando lo mismo. Se trata más bien de atacar el mismo punto desde distintos ángulos.

El medieval diría que hay que separar la realidad externa, la “de fuera”, de los pensamientos. No es lo mismo lo que pensamos y la realidad externa a nuestros pensamientos. Podemos pensar que Dios es perfecto, pero que en realidad no sea así. Es posible que la realidad sea diferente a como nosotros la concebimos mentalmente. Se trata simplemente de darse cuenta de una cosa: nuestra mente es imperfecta. Nosotros concebimos mentalmente que Dios es perfecto, por tanto le corresponde mentalmente la perfección, pero no le corresponde realmente la perfección, es decir, que eso en lo que pensamos, y que pensamos como perfecto, no tiene por qué existir.

Por otro lado, Kant argumentaría lo siguiente: Dios es lo más perfecto, es cierto, pero el error está en creer que la existencia es una perfección más. Los ontologistas (defensores del argumento ontológico) afirman que como existir es más perfecto que no existir, entonces Dios debe existir. Pero esto sería poner al mismo nivel la existencia y otras perfecciones, como pueden ser la omnipresencia, o tener sabiduría infinita, o poder infinito. Pero la existencia no es una perfección más que esté equiparada a esas, sino que es la base necesaria para que se den esas perfecciones. Es la “condición sin la cual” no se pueden dar las demás perfecciones.

La idea sería, aunque suene un poco absurdo, que Dios es perfecto si existe, porque si no existe no es perfecto. Parece lo más evidente, y es así, es evidente, pero el argumento ontológico te puede hacer olvidarlo, tiene algo que lo hace sumamente creíble si lo piensas a fondo. Pero repito: hay que pensarlo. Igual que para descubrir por qué es falso, la clave está en interesarse y pensar uno mismo y sacar conclusiones.


Cuando pensamos en las cosas las pensamos bajo el supuesto de que existen. Si te piden que pienses en una isla la piensas con arena, árboles y un montón de cosas materiales. Esas cosas realmente no existen, esa isla no existe, pero tú la piensas como si existiera, para poder imaginártela bien. No piensas en la isla como “isla simplemente pensada”, sino como real. Con Dios sucede lo mismo: pensamos en Dios como existente y de ahí deducimos que existe, pero porque lo pensamos desde un principio como existente.

Es posible que no se entienda nada de lo que he dicho, pero si dedicáis un tiempo a reflexionar sobre ello creo que os sorprenderéis a vosotros mismos.