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domingo, 28 de abril de 2013
Anima Mea
Viejo, pobre, de figura
ruin y de maltrecha barba,
escondía en su fardo
mil palabras por espadas;
tapando en cada sonrisa
un ataque por la espalda.
Al entreabrirse sus labios,
agrietados por la escarcha
de la noche, caía una
sentencia sobre el alma
de quien le hubiera juzgado,
y ensartaba sus palabras,
malditas por el odio, en
sus indefensas entrañas.
Mas su rumbo doblaría,
del lugar en el que el Sol
halla su eterna morada,
de blanco hábito bajó,
y de dulces melodías,
la dama que en canción
la oscuridad y roca
tornaría en su interior.
“Mendigo vine al mundo
al que Dios me destinó,
guiaron mis pasos en la
noche miseria, dolor,
ingratitud; la ceguera
férrea que me impide a Dios,
inmerso en este mundo,
Caridad, mano que dio
a la mano que pedía,
Tú… misionero… pobre…
por Amor.”
jueves, 28 de marzo de 2013
El gran teatro del mundo (fragmento)
AUTOR:
Tú la discreción harás.
DISCRECIÓN:
Venturoso estado sigo
AUTOR:
Haz tú al mísero, al mendigo.
POBRE:
¿Aqueste papel me das?
AUTOR:
Tú sin nacer morirás.
NIÑO:
Poco estudio el papel tiene.
AUTOR:
Así mi ciencia previene
que represente el que viva.
Justicia distributiva
soy, y es lo que os conviene.
Justicia distributiva
soy, y es lo que os conviene.
POBRE:
Si yo pudiera excusarme
deste papel, me excusara,
deste papel, me excusara,
cuando mi vida repara
en el que has querido darme;
y ya que no declararme
puedo, aunque atrevido quiera,
le tomo, mas considera,
ya que he de hacer el mendigo,
no, Señor, lo que te digo,
lo que decirte quisiera.
¿Por qué tengo de hacer yo
el pobre en esta comedia?
¿Para mí ha de ser tragedia,
y para los otros no?
¿Cuando este papel me dio
tu mano, no me dio en él
igual alma a la de aquel
en el que has querido darme;
y ya que no declararme
puedo, aunque atrevido quiera,
le tomo, mas considera,
ya que he de hacer el mendigo,
no, Señor, lo que te digo,
lo que decirte quisiera.
¿Por qué tengo de hacer yo
el pobre en esta comedia?
¿Para mí ha de ser tragedia,
y para los otros no?
¿Cuando este papel me dio
tu mano, no me dio en él
igual alma a la de aquel
que hace al rey? ¿Igual sentido?
¿Igual ser? Pues ¿por qué ha sido
tan desigual mi papel?
Si de otro barro me hicieras, si
de otra alma me adornaras,
¿Igual ser? Pues ¿por qué ha sido
tan desigual mi papel?
Si de otro barro me hicieras, si
de otra alma me adornaras,
menos vida me fïaras,
menos sentidos me dieras;
ya parece que tuvieras
otro motivo, Señor;
pero parece rigor,
menos sentidos me dieras;
ya parece que tuvieras
otro motivo, Señor;
pero parece rigor,
perdona decir crüel,
el ser mejor su papel
no siendo su ser mejor.
el ser mejor su papel
no siendo su ser mejor.
AUTOR:
En la representación
igualmente satisface
igualmente satisface
el que bien al pobre hace
con afecto, alma y acción
como el que hace al rey, y son
iguales este y aquel
en acabando el papel.
con afecto, alma y acción
como el que hace al rey, y son
iguales este y aquel
en acabando el papel.
Haz tú bien el tuyo y piensa
que para la recompensa
yo te igualaré con él.
No porque pena te sobre,
siendo pobre, es en mi ley
que para la recompensa
yo te igualaré con él.
No porque pena te sobre,
siendo pobre, es en mi ley
mejor papel el del rey
si hace bien el suyo el pobre;
uno y otro de mí cobre
todo el salario después
que haya merecido, pues
si hace bien el suyo el pobre;
uno y otro de mí cobre
todo el salario después
que haya merecido, pues
con cualquier papel se gana,
que toda la vida humana
representaciones es.
Y la comedia acabada
ha de cenar a mi lado
que toda la vida humana
representaciones es.
Y la comedia acabada
ha de cenar a mi lado
el que haya representado,
sin haber errado en nada,
su parte más acertada;
allí igualaré a los dos.
sin haber errado en nada,
su parte más acertada;
allí igualaré a los dos.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Spes
Jesús, incomparable perdonador de injurias,
óyeme; Sembrador de trigo, dame el tierno
pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno,
una gracia lustral de iras y lujurias.
Dime que este espantoso horror de la agonía
que me obsede, es no más de mi culpa nefanda,
que al morir hallaré la luz de un nuevo día
y que entonces oiré mi «¡Levántate y anda!»
óyeme; Sembrador de trigo, dame el tierno
pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno,
una gracia lustral de iras y lujurias.
Dime que este espantoso horror de la agonía
que me obsede, es no más de mi culpa nefanda,
que al morir hallaré la luz de un nuevo día
y que entonces oiré mi «¡Levántate y anda!»
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Canto del Cruzado
Yo soy de los primeros a los que les cuesta leer en verso, sobre todo cuando se trata de un poema tan largo como este, pero no hay pantalla de cine capaz de mostrar las imágenes que se forman en nuestra imaginación cuando leemos a un poeta como este, haciendo poesía como esta:
Ya tarde en la noche la luna escondía
cercana a Occidente, su lívida faz,
y al Norte entre nubes, relámpago ardía
que el cielo inundaba de lumbre fugaz.
cercana a Occidente, su lívida faz,
y al Norte entre nubes, relámpago ardía
que el cielo inundaba de lumbre fugaz.
El Tajo sus aguas con ronco bramido
despeña, y el eco redobla el fragor;
el bosque se mece con sordo rüido,
de negras tormentas fatal precursor.
Al fuego que el raudo relámpago enciende,
que al monte y la selva parece abrasar,
un hombre a caballo la margen desciende
y al trote se sienten sus armas sonar.
Tal vez a su paso con viva vislumbre
la cruz en su escudo radiante brilló;
mas luego en tinieblas la rápida lumbre
al hombre y caballo consigo ocultó.
De un monte en la altura levanta su frente
soberbio castillo de ilustre señor;
brillantes antorchas le adornan luciente
y de arpas y fiesta se escucha el rumor.
Abiertas las rejas, las luces se agitan,
y alegre banquete se deja entrever,
los néctares dulces al júbilo excitan
y a cien caballeros cantando a beber.
cual negra fantasma de forma medrosa
que a tímida virgen de noche aterró
así en la alta cumbre del monte escabrosa
el hombre a caballo veloz pareció.
Al pie del castillo llegando el guerrero,
alegre relincha su noble trotón;
la rienda recoge, desmonta ligero
y para y escucha sonar la canción.
Del arpa sonora los dulces contentos
aplauden con bravos y vivas sin fin,
y en coro resuenan alegres acentos,
en alto las copas a honor del festín.
Mas luego en silencio la mágica lira,
vibrada suave se torna a escuchar,
y sigue a su acento que plácido inspira
la voz regalada de aqueste cantar:
Era la noche, y la luna
melancólica brillaba
con pálida luz süave
en el jardín de la Alhambra.
En su soledad se goza
la hermosísima Zoraida,
la más bella de las moras,
la adorada de Abenámar.
Tan sólo rompe el silencio
entre las flores el aura o
que dulcemente las [...]
y su perfume exhala.
Allí, vagando en silencio,
sus pensamientos halagan
mil imágenes sabrosas,
mil cumplidas esperanzas.
Mas ¿qué estruendo de trompetas
toca a rebato en Granada,
y entre el confuso alboroto
retumba el grito de alarma?
Zoraida escucha y suspira,
que al son de guerra, Abenámar,
el más bravo de los moros,
es el primero que marcha.
Ya cerca escucha las trompas
de las huestes castellanas,
y relinchos, y carreras,
y el batir de las espadas.
Precipitada a una reja,
sube la mora al alcázar,
y por la vega anchurosa
yiende la vista agitada.
Inquieta, atento el oído,
tiembla al crujir de las armas,
cual tímido cervatillo
si el viento agita las ramas.
En su ventana, la noche
toda, lo espera azorada.
Ya el estruendo y voces crecen,
ya poco a poco se callan.
Era el rumor: los guerreros
vuelven en triunfo a Granada.
Gallardo en las lides,
cayó el vencedor.
¡Ay! llora, Zoraida,
tu triste amador.
Su voz moribunda
tu nombre exhaló,
y al pecho, expirante,
tu banda estrechó.
Ya el bardo a su gloria
levanta la voz.
Eterno su nombre
dirá el trovador.
Gallardo en las lides,
cayó el vencedor.
¡Ay! llora, Zoraida,
tu triste amador.
El arpa acompaña, callado ya el canto,
con lánguidos trinos la trova gentil,
cual dulce en la selva, con plácido encanto,
el eco modulan los auras de Abril.
Y luego cien arpas resuenan, y el coro
los nobles entonan cantando a la vez,
y el fin malogrado del ínclito moro
envidian, y ensalzan su amor y su prez.
En tanto el guerrero que el cántico oía,
con fuerza en las puertas su lanza chocó,
y allá en las almenas, al punto, el vigía:
«¿Quién llama a estos muros?» audaz preguntó.
«Asilo en la noche demanda un guerrero
que errante camina», gritó el paladín.
«Abridle, de adentro sonó un caballero,
y encuentre acogida y asiento al festín».
Las negras cadenas que el puente suspenden
con ronco sonido se sienten crujir,
y bajan el puente, y algunos descienden
armados guerreros, las puertas a abrir.
Su nombre preguntan; responde el soldado:
«Mi nombre, aunque ilustre, es fuerza ocultar.
Saber es bastante que soy un cruzado
que vuelve de tierras allende del mar».
So un manto sencillo de cándido lino,
do roja aparece la espléndida cruz,
su rostro y sus armas cubrió el paladino,
los ojos tan sólo quedando a la luz.
En ellos ostenta, con fiera altiveza,
fijándolos firme, intrépido ardor.
Mas luego se apaga con fría tristeza
o usado descuido su noble esplendor.
En tanto, dos pajes, sirviendo de guía,
conducen al huésped adentro al salón,
y sale a su encuentro con faz de alegría,
dejando el banquete, gallardo infanzón.
La mano, por muestra de dar bienvenida,
tendiéndole dice: «Llegado aquí en paz,
os dé mi castillo sabrosa acogida
y halléis con nosotros placer y solaz».
El huésped, en tanto que el noble le hablara,
mantiene los ojos clavados en él,
así que en su rostro semblanza encontrara
que antiguos recuerdos preséntanle fiel.
«¿Sois vos, le pregunta, gentil castellano,
de aquesta comarca tal vez el señor?
¿Sois vos el que nombran el conde Lozano,
honor de Castilla, del moro terror?»
El noble, modesto, responde al guerrero:
"Yo soy el que llaman como vos decís,
empero la fama da un nombre a mi acero
más alto que nunca por él merecí.
Entrad con nosotros, partid el contento,
ilustre soldado de la alta Sión.
Dirás de tus viajes el plácido cuento
y oiremos tus hechos con grata atención».
"Mi vida y mis hechos, el huésped responde,
ansiara yo mismo por siempre olvidar».
Y dice, y su rostro moreno se esconde
so nube sombría de negro pesar.
Del sol de la Libia quemado el semblante,
sus ojos un punto centellear se ven,
mas luego se apaga su brillo al instante,
y al fuego que lanzan sucede el desdén.
Con hondo suspiro prosigue el cruzado,
bajando los ojos con triste mirar:
«Delante el sepulcro de Dios he jurado
mi historia y mi nombre jamás confiar.
Así he prometido robarme el consuelo
que acaso los hombres al mísero dan,
así hasta que quiera por último el cielo
que baje a la tumba conmigo mi afán».
Su voz, su mirada, su rostro turbado
profundo misterio parece encubrir.
El Conde en silencio le asienta a su lado,
sin más sus desdichas forzarle a decir.
Alguno le mira, fijándole atento,
que piensa su pecho tal vez sondear.
Mas sólo su vista le da el pensamiento
que es hombre que el riesgo no duda arrostrar.
En tanto que el huésped, así indiferente,
se vuelve a su estado de triste inacción,
el Conde Lozano anima su gente
mandando que entonen alegre canción.
Las copas henchidas del néctar sabroso
se vieron al punto volar al redor
y el arpa vibrando con eco armonioso
así dulcemente cantó el trovador:
El soldado de Sión
El que ansioso de alta gloria,
joven dejó sus hogares,
y lanzándose a los mares,
voló a buscar la victoria,
vencedor del turco fiero,
vuelve, valiente cruzado,
del sol el rostro tostado
y en sangre tinto su acero.
Allí, su lanza en la lid
dio a su renombre esplendor,
le cantó el trovador
como a intrépido adalid.
Ora vuelve, en su semblante
con cicatrices de heridas
en honra y pro recibidas
de la que adora constante.
Tal vez al verle a su reja
le desconozca la hermosa
que sensible y cuidadosa
oyó otro tiempo su queja.
Mas si no vuelve de Oriente,
cual antes, joven hermoso,
vuelve intrépido y brioso
y ornada en lauros la frente.
Y las lunas abatidas
de los árabes altivos,
cien caballos, cien cautivos,
cien cimitarras vencidas,
el soldado de Sión
rendirá ante su hermosura
y con humilde ternura
su constante corazón.
Y si amorosa un momento
tendrá completa ventura
su más alto pensamiento,
y tendrá por muy dichosa
de su destino la estrella
si le devuelve su bella
siempre tierna y cariñosa.
Que por la cruz y en su honor
ha alcanzado la victoria,
y su nombre y su memoria
realzó en la lid su valor,
y buscando dónde ir
a hacer su nombre famoso,
vuelve a sus pies venturoso
sus laureles a rendir.
«A fe, dijo un noble, ya el canto acabado,
que son muy leales esclavos de amor
los bravos guerreros del templo sagrado,
según en sus versos pintó el trovador.
Que dicen hermosas que son las mujeres
que adornan las tierras do se alza Lalén
y ofrece el Oriente gustosos placeres,
y todos los miran con tibio desdén».
«No brillan mujeres allá en Palestina,
responde un guerrero, cual brillan aquí.
Yo pongo que nunca mujer más divina
se vio que la hermosa que adora el Zegrí».
«Ximena es más bella, repuso un mancebo
moviendo los ojos con fiero mirar.
Y rompo una lanza por ella y lo pruebo
cualquiera en su contra se muestre a lidiar».
El Conde al momento: «Más bella es mi esposa,
la reina en las justas de amor y beldad.
Yo pongo que es ella más noble y hermosa
y acepto en la arena probar la verdad».
«Cualquiera que venza será venturoso,
repuso un anciano,
empero el semblante hará más hermoso
de aquella que adora su noble valor.
Que allá cuando hervía mi pecho valiente
con ansia amorosa y ardor juvenil,
recuerdo con pena que anubla mi frente
y aún hace a mi pecho turbado latir,
que así por mi dama vibrando mi espada
en negra contienda de honrar la beldad,
tendido a mis plantas, de fiera estocada
mi amigo más caro probó mi crueldad.
Vosotros, hermanos en armas y amigos,
de España esperanza, mancebos de pro,
¡oh! no querrá el cielo lidiéis enemigos
por causa tan leve, presente aquí yo.
Penosos recuerdos, eterno tormento
quien hiera a su amigo por pago tendrá,
y siempre turbado doquier su contento
la sombra del muerto delante hallará.
Allá vuestra espada
se cruce al alfanje que en sangre crüel
regó el desolado campo castellano,
y arranque a su frente antiguo laurel.
Volved por las armas si algún caballero
con lengua villana se atreve a su honor,
o bien si el osado moteja altanero
sus mismos galanes de poco valor.
Que entonces la honra exige que muerto
o quede el que el duelo audaz provocó,
o que ante testigos confiese el entuerto
que con sus palabras o acciones causó.
Tomad mi consejo y usad de prudencia;
al noble extranjero nombrad vuestro juez,
mostradle las damas y dadle sentencia.
Ninguno contienda otra vez.
Llegado de climas y tierras lejanas,
do ha visto las bellas de cada país,
a un lado dejando pretensiones vanas,
despeña, y el eco redobla el fragor;
el bosque se mece con sordo rüido,
de negras tormentas fatal precursor.
Al fuego que el raudo relámpago enciende,
que al monte y la selva parece abrasar,
un hombre a caballo la margen desciende
y al trote se sienten sus armas sonar.
Tal vez a su paso con viva vislumbre
la cruz en su escudo radiante brilló;
mas luego en tinieblas la rápida lumbre
al hombre y caballo consigo ocultó.
De un monte en la altura levanta su frente
soberbio castillo de ilustre señor;
brillantes antorchas le adornan luciente
y de arpas y fiesta se escucha el rumor.
Abiertas las rejas, las luces se agitan,
y alegre banquete se deja entrever,
los néctares dulces al júbilo excitan
y a cien caballeros cantando a beber.
cual negra fantasma de forma medrosa
que a tímida virgen de noche aterró
así en la alta cumbre del monte escabrosa
el hombre a caballo veloz pareció.
Al pie del castillo llegando el guerrero,
alegre relincha su noble trotón;
la rienda recoge, desmonta ligero
y para y escucha sonar la canción.
Del arpa sonora los dulces contentos
aplauden con bravos y vivas sin fin,
y en coro resuenan alegres acentos,
en alto las copas a honor del festín.
Mas luego en silencio la mágica lira,
vibrada suave se torna a escuchar,
y sigue a su acento que plácido inspira
la voz regalada de aqueste cantar:
Era la noche, y la luna
melancólica brillaba
con pálida luz süave
en el jardín de la Alhambra.
En su soledad se goza
la hermosísima Zoraida,
la más bella de las moras,
la adorada de Abenámar.
Tan sólo rompe el silencio
entre las flores el aura o
que dulcemente las [...]
y su perfume exhala.
Allí, vagando en silencio,
sus pensamientos halagan
mil imágenes sabrosas,
mil cumplidas esperanzas.
Mas ¿qué estruendo de trompetas
toca a rebato en Granada,
y entre el confuso alboroto
retumba el grito de alarma?
Zoraida escucha y suspira,
que al son de guerra, Abenámar,
el más bravo de los moros,
es el primero que marcha.
Ya cerca escucha las trompas
de las huestes castellanas,
y relinchos, y carreras,
y el batir de las espadas.
Precipitada a una reja,
sube la mora al alcázar,
y por la vega anchurosa
yiende la vista agitada.
Inquieta, atento el oído,
tiembla al crujir de las armas,
cual tímido cervatillo
si el viento agita las ramas.
En su ventana, la noche
toda, lo espera azorada.
Ya el estruendo y voces crecen,
ya poco a poco se callan.
Era el rumor: los guerreros
vuelven en triunfo a Granada.
Gallardo en las lides,
cayó el vencedor.
¡Ay! llora, Zoraida,
tu triste amador.
Su voz moribunda
tu nombre exhaló,
y al pecho, expirante,
tu banda estrechó.
Ya el bardo a su gloria
levanta la voz.
Eterno su nombre
dirá el trovador.
Gallardo en las lides,
cayó el vencedor.
¡Ay! llora, Zoraida,
tu triste amador.
El arpa acompaña, callado ya el canto,
con lánguidos trinos la trova gentil,
cual dulce en la selva, con plácido encanto,
el eco modulan los auras de Abril.
Y luego cien arpas resuenan, y el coro
los nobles entonan cantando a la vez,
y el fin malogrado del ínclito moro
envidian, y ensalzan su amor y su prez.
En tanto el guerrero que el cántico oía,
con fuerza en las puertas su lanza chocó,
y allá en las almenas, al punto, el vigía:
«¿Quién llama a estos muros?» audaz preguntó.
«Asilo en la noche demanda un guerrero
que errante camina», gritó el paladín.
«Abridle, de adentro sonó un caballero,
y encuentre acogida y asiento al festín».
Las negras cadenas que el puente suspenden
con ronco sonido se sienten crujir,
y bajan el puente, y algunos descienden
armados guerreros, las puertas a abrir.
Su nombre preguntan; responde el soldado:
«Mi nombre, aunque ilustre, es fuerza ocultar.
Saber es bastante que soy un cruzado
que vuelve de tierras allende del mar».
So un manto sencillo de cándido lino,
do roja aparece la espléndida cruz,
su rostro y sus armas cubrió el paladino,
los ojos tan sólo quedando a la luz.
En ellos ostenta, con fiera altiveza,
fijándolos firme, intrépido ardor.
Mas luego se apaga con fría tristeza
o usado descuido su noble esplendor.
En tanto, dos pajes, sirviendo de guía,
conducen al huésped adentro al salón,
y sale a su encuentro con faz de alegría,
dejando el banquete, gallardo infanzón.
La mano, por muestra de dar bienvenida,
tendiéndole dice: «Llegado aquí en paz,
os dé mi castillo sabrosa acogida
y halléis con nosotros placer y solaz».
El huésped, en tanto que el noble le hablara,
mantiene los ojos clavados en él,
así que en su rostro semblanza encontrara
que antiguos recuerdos preséntanle fiel.
«¿Sois vos, le pregunta, gentil castellano,
de aquesta comarca tal vez el señor?
¿Sois vos el que nombran el conde Lozano,
honor de Castilla, del moro terror?»
El noble, modesto, responde al guerrero:
"Yo soy el que llaman como vos decís,
empero la fama da un nombre a mi acero
más alto que nunca por él merecí.
Entrad con nosotros, partid el contento,
ilustre soldado de la alta Sión.
Dirás de tus viajes el plácido cuento
y oiremos tus hechos con grata atención».
"Mi vida y mis hechos, el huésped responde,
ansiara yo mismo por siempre olvidar».
Y dice, y su rostro moreno se esconde
so nube sombría de negro pesar.
Del sol de la Libia quemado el semblante,
sus ojos un punto centellear se ven,
mas luego se apaga su brillo al instante,
y al fuego que lanzan sucede el desdén.
Con hondo suspiro prosigue el cruzado,
bajando los ojos con triste mirar:
«Delante el sepulcro de Dios he jurado
mi historia y mi nombre jamás confiar.
Así he prometido robarme el consuelo
que acaso los hombres al mísero dan,
así hasta que quiera por último el cielo
que baje a la tumba conmigo mi afán».
Su voz, su mirada, su rostro turbado
profundo misterio parece encubrir.
El Conde en silencio le asienta a su lado,
sin más sus desdichas forzarle a decir.
Alguno le mira, fijándole atento,
que piensa su pecho tal vez sondear.
Mas sólo su vista le da el pensamiento
que es hombre que el riesgo no duda arrostrar.
En tanto que el huésped, así indiferente,
se vuelve a su estado de triste inacción,
el Conde Lozano anima su gente
mandando que entonen alegre canción.
Las copas henchidas del néctar sabroso
se vieron al punto volar al redor
y el arpa vibrando con eco armonioso
así dulcemente cantó el trovador:
El soldado de Sión
El que ansioso de alta gloria,
joven dejó sus hogares,
y lanzándose a los mares,
voló a buscar la victoria,
vencedor del turco fiero,
vuelve, valiente cruzado,
del sol el rostro tostado
y en sangre tinto su acero.
Allí, su lanza en la lid
dio a su renombre esplendor,
le cantó el trovador
como a intrépido adalid.
Ora vuelve, en su semblante
con cicatrices de heridas
en honra y pro recibidas
de la que adora constante.
Tal vez al verle a su reja
le desconozca la hermosa
que sensible y cuidadosa
oyó otro tiempo su queja.
Mas si no vuelve de Oriente,
cual antes, joven hermoso,
vuelve intrépido y brioso
y ornada en lauros la frente.
Y las lunas abatidas
de los árabes altivos,
cien caballos, cien cautivos,
cien cimitarras vencidas,
el soldado de Sión
rendirá ante su hermosura
y con humilde ternura
su constante corazón.
Y si amorosa un momento
tendrá completa ventura
su más alto pensamiento,
y tendrá por muy dichosa
de su destino la estrella
si le devuelve su bella
siempre tierna y cariñosa.
Que por la cruz y en su honor
ha alcanzado la victoria,
y su nombre y su memoria
realzó en la lid su valor,
y buscando dónde ir
a hacer su nombre famoso,
vuelve a sus pies venturoso
sus laureles a rendir.
«A fe, dijo un noble, ya el canto acabado,
que son muy leales esclavos de amor
los bravos guerreros del templo sagrado,
según en sus versos pintó el trovador.
Que dicen hermosas que son las mujeres
que adornan las tierras do se alza Lalén
y ofrece el Oriente gustosos placeres,
y todos los miran con tibio desdén».
«No brillan mujeres allá en Palestina,
responde un guerrero, cual brillan aquí.
Yo pongo que nunca mujer más divina
se vio que la hermosa que adora el Zegrí».
«Ximena es más bella, repuso un mancebo
moviendo los ojos con fiero mirar.
Y rompo una lanza por ella y lo pruebo
cualquiera en su contra se muestre a lidiar».
El Conde al momento: «Más bella es mi esposa,
la reina en las justas de amor y beldad.
Yo pongo que es ella más noble y hermosa
y acepto en la arena probar la verdad».
«Cualquiera que venza será venturoso,
repuso un anciano,
empero el semblante hará más hermoso
de aquella que adora su noble valor.
Que allá cuando hervía mi pecho valiente
con ansia amorosa y ardor juvenil,
recuerdo con pena que anubla mi frente
y aún hace a mi pecho turbado latir,
que así por mi dama vibrando mi espada
en negra contienda de honrar la beldad,
tendido a mis plantas, de fiera estocada
mi amigo más caro probó mi crueldad.
Vosotros, hermanos en armas y amigos,
de España esperanza, mancebos de pro,
¡oh! no querrá el cielo lidiéis enemigos
por causa tan leve, presente aquí yo.
Penosos recuerdos, eterno tormento
quien hiera a su amigo por pago tendrá,
y siempre turbado doquier su contento
la sombra del muerto delante hallará.
Allá vuestra espada
se cruce al alfanje que en sangre crüel
regó el desolado campo castellano,
y arranque a su frente antiguo laurel.
Volved por las armas si algún caballero
con lengua villana se atreve a su honor,
o bien si el osado moteja altanero
sus mismos galanes de poco valor.
Que entonces la honra exige que muerto
o quede el que el duelo audaz provocó,
o que ante testigos confiese el entuerto
que con sus palabras o acciones causó.
Tomad mi consejo y usad de prudencia;
al noble extranjero nombrad vuestro juez,
mostradle las damas y dadle sentencia.
Ninguno contienda otra vez.
Llegado de climas y tierras lejanas,
do ha visto las bellas de cada país,
a un lado dejando pretensiones vanas,
no dudo que todos en él convenís.
Y aquel que aún sostenga tenaz su porfía,
y dude a esta prueba tan fácil ceder,
por cierto en su dama muy poco confía
y no por muy bella la debe tener.
viernes, 20 de julio de 2012
Hermandad
Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.
domingo, 10 de junio de 2012
Antes o después... habrá que despertar.
Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos;
y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos;
y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
(Fragmento de "La vida es sueño",
de Calderón de la Barca)
jueves, 10 de mayo de 2012
Unos versos de Emily
Un amigo me acaba de envíar estos versos de Emily Dickinson, la verdad es que me han encantado, ¡Gracias N! Creo que puede merecer la pena leer más poesía de esta mujer... Aquí os dejo esas breves estrofas:
De las almas creadas
supe escoger la mía.
Cuando parta el espíritu
y se apague la vida,
y sean Hoy y Ayer
como fuego y ceniza,
y acabe de la carne
la tragedia mezquina,
y hacia la Altura vuelvan
todos la frente viva,
y se rasgue la bruma...
yo diré: Ved la chispa
y el luminoso átomo
que preferí a la arcilla.
supe escoger la mía.
Cuando parta el espíritu
y se apague la vida,
y sean Hoy y Ayer
como fuego y ceniza,
y acabe de la carne
la tragedia mezquina,
y hacia la Altura vuelvan
todos la frente viva,
y se rasgue la bruma...
yo diré: Ved la chispa
y el luminoso átomo
que preferí a la arcilla.
------------
Muchas veces pensé que la paz había llegado
cuando la paz estaba muy lejos-
como los náufragos- creen que ven la tierra-
en el centro del mar-
y luchan más débilmente -sólo para probar
tan deshauciadamente como yo-
cuántas ficticias costas-
antes del puerto hay-
cuando la paz estaba muy lejos-
como los náufragos- creen que ven la tierra-
en el centro del mar-
y luchan más débilmente -sólo para probar
tan deshauciadamente como yo-
cuántas ficticias costas-
antes del puerto hay-
------------
Presentimiento es esa larga sombra
que poco a poco avanza sobre el césped
cuando el sol sus imperios abandona...
Presentimiento es el susurro tenue
que corre entre la hierba temerosa
para decirle que la noche viene.
que poco a poco avanza sobre el césped
cuando el sol sus imperios abandona...
Presentimiento es el susurro tenue
que corre entre la hierba temerosa
para decirle que la noche viene.
jueves, 12 de abril de 2012
Himno pascual
¡¡Feliz pascua de resurrección!! Cristo verdaderamente ha resucitado...
Lo que os dejo a continuación es uno de los himnos que se rezan en la liturgia de las horas durante esta semana de pascua. Refleja perfectamente la esperanza de los cristianos, por eso me encanta:
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla
y, muerto el que es la Vida
triunfante se levanta.
¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?...
A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Amén. ¡Aleluya!

ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla
y, muerto el que es la Vida
triunfante se levanta.
¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?...
A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Amén. ¡Aleluya!
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Pobre barquilla mía - Lope de vega
Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas desvelada,
y entre las olas sola:
¿Adónde vas perdida?
¿Adónde, di, te engolfas?
Que no hay deseos cuerdos
con esperanzas locas.
Como las altas naves
te apartas animosa
de la vecina tierra,
y al fiero mar te arrojas.
Igual en las fortunas,
mayor en las congojas,
pequeño en las defensas,
incitas a las ondas.
Advierte que te llevan
a dar entre las rocas
de la soberbia envidia,
naufragio de las honras.
Cuando por las riberas
andabas costa a costa,
nunca del mar temiste
las iras procelosas.
Segura navegabas;
que por la tierra propia
nunca el peligro es mucho
adonde el agua es poca.
Verdad es que en la patria
no es la virtud dichosa,
ni se estimó la perla
hasta dejar la concha.
Dirás que muchas barcas
con el favor en popa,
saliendo desdichadas,
volvieron venturosas.
No mires los ejemplos
de las que van y tornan,
que a muchas ha perdido
la dicha de las otras.
Para los altos mares
no llevas cautelosa
ni velas de mentiras,
ni remos de lisonjas.
¿Quién te engañó, barquilla?
Vuelve, vuelve la proa,
que presumir de nave
fortunas ocasiona.
¿Qué jarcias te entretejen?
¿Qué ricas banderolas
azote son del viento
y de las aguas sombra?
¿En qué gabia descubres
del árbol alta copa,
la tierra en perspectiva,
del mar incultas orlas?
¿En qué celajes fundas
que es bien echar la sonda,
cuando, perdido el rumbo,
erraste la derrota?
Si te sepulta arena,
¿qué sirve fama heroica?
Que nunca desdichados
sus pensamientos logran.
¿Qué importa que te ciñan
ramas verdes o rojas,
que en selvas de corales
salado césped brota?
Laureles de la orilla
solamente coronan
navíos de alto borde
que jarcias de oro adornan.
No quieras que yo sea
por tu soberbia pompa
faetonte de barqueros,
que los laureles lloran.
Pasaron ya los tiempos
cuando, lamiendo rosas,
el céfiro bullía
y suspiraba aromas.
Ya fieros huracanes
tan arrogantes soplan,
que, salpicando estrellas,
del sol la frente mojan.
Ya los valientes rayos
de la vulcana forja,
en vez de torres altas,
abrasan pobres chozas.
Contenta con tus redes,
a la playa arenosa
mojado me sacabas;
pero vivo, ¿qué importa?
Cuando de rojo nácar
se afeitaba la aurora,
más peces te llenaban
que ella lloraba aljófar.
Al bello sol que adoro,
enjuta ya la ropa,
nos daba una cabaña
la cama de sus hojas.
Esposo me llamaba,
yo la llamaba esposa,
parándose de envidia
la celestial antorcha.
Sin pleito, sin disgusto,
la muerte nos divorcia:
¡Ay de la pobre barca
que en lágrimas se ahoga!
Quedad sobre el arena,
inútiles escotas;
que no ha menester velas
quien a su bien no torna.
Si con eternas plantas
las fijas luces doras,
¡oh dueño de mi barca!,
y en dulce paz reposas,
merezca que le pidas
al bien que eterno gozas
que adonde estás me lleve
más pura y más hermosa.
Mi honesto amor te obligue;
que no es digna victoria
para quejas humanas
ser las deidades sordas.
Mas ¡ay, que no me escuchas!
Pero la vida es corta:
viviendo, todo falta;
muriendo, todo sobra.
sábado, 26 de noviembre de 2011
Las moscas - Antonio Machado
Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.
domingo, 2 de octubre de 2011
Eres grande...
Te gusta la filosofía en forma de poesía, y llevado hasta los días concretos de nuestra vida. Filosofía y poesía en el aquí y ahora. Gracias Miriam, me ha encantado este poema de HenryWadsworth Longfellow.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Dice la razón (Antonio Machado)
Dice la razón: Busquemos
la verdad.
Y el corazón: Vanidad.
La verdad ya la tenemos.
La razón: ¡Ay, quién alcanza
la verdad!
El corazón: Vanidad.
La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón,
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.
la verdad.
Y el corazón: Vanidad.
La verdad ya la tenemos.
La razón: ¡Ay, quién alcanza
la verdad!
El corazón: Vanidad.
La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón,
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.
Antonio Machado
El mendigo (José de Espronceda)
Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan si doliente pido
una limosna por amor de Dios.
El palacio, la cabaña
son mi asilo,
si del ábrego el furor
troncha el roble en la montaña,
o que inunda la campaña
El torrente asolador.
Y a la hoguera
me hacen lado
los pastores
con amor.
Y sin pena
y descuidado
de su cena
ceno yo,
o en la rica
chimenea,
que recrea
con su olor,
me regalo
codicioso
del banquete
suntüoso
con las sobras
de un señor.
Y me digo: el viento brama,
caiga furioso turbión;
que al son que cruje de la seca leña,
libre me duermo sin rencor ni amor.
Mío es el mundo como el aire libre...
Todos son mis bienhechores,
y por todos
a Dios ruego con fervor;
de villanos y señores
yo recibo los favores
sin estima y sin amor.
Ni pregunto
quiénes sean,
ni me obligo
a agradecer;
que mis rezos
si desean,
dar limosna
es un deber.
Y es pecado
la riqueza:
la pobreza
santidad:
Dios a veces
es mendigo,
y al avaro
da castigo,
que le niegue
caridad.
Yo soy pobre y se lastiman
todos al verme plañir,
sin ver son mías sus riquezas todas,
qué mina inagotable es el pedir.
Mío es el mundo: como el aire libre...
Mal revuelto y andrajoso,
entre harapos
del lujo sátira soy,
y con mi aspecto asqueroso
me vengo del poderoso,
y a donde va, tras él voy.
Y a la hermosa
que respira
cien perfumes,
gala, amor,
la persigo
hasta que mira,
y me gozo
cuando aspira
mi punzante
mal olor.
Y las fiestas
y el contento
con mi acento
turbo yo,
y en la bulla
y la alegría
interrumpen
la armonía
mis harapos
y mi voz:
Mostrando cuán cerca habitan
el gozo y el padecer,
que no hay placer sin lágrimas, ni pena
que no traspire en medio del placer.
Mío es el mundo; como el aire libre...
Y para mí no hay mañana,
ni hay ayer;
olvido el bien como el mal,
nada me aflige ni afana;
me es igual para mañana
un palacio, un hospital.
Vivo ajeno
de memorias,
de cuidados
libre estoy;
busquen otros
oro y glorias,
yo no pienso
sino en hoy.
Y do quiera
vayan leyes,
quiten reyes,
reyes den;
yo soy pobre,
y al mendigo,
por el miedo
del castigo,
todos hacen
siempre bien.
Y un asilo donde quiera
y un lecho en el hospital
siempre hallaré, y un hoyo donde caiga
mi cuerpo miserable al espirar.
Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan, si doliente pido
una limosna por amor de Dios.
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan si doliente pido
una limosna por amor de Dios.
El palacio, la cabaña
son mi asilo,
si del ábrego el furor
troncha el roble en la montaña,
o que inunda la campaña
El torrente asolador.
Y a la hoguera
me hacen lado
los pastores
con amor.
Y sin pena
y descuidado
de su cena
ceno yo,
o en la rica
chimenea,
que recrea
con su olor,
me regalo
codicioso
del banquete
suntüoso
con las sobras
de un señor.
Y me digo: el viento brama,
caiga furioso turbión;
que al son que cruje de la seca leña,
libre me duermo sin rencor ni amor.
Mío es el mundo como el aire libre...
Todos son mis bienhechores,
y por todos
a Dios ruego con fervor;
de villanos y señores
yo recibo los favores
sin estima y sin amor.
Ni pregunto
quiénes sean,
ni me obligo
a agradecer;
que mis rezos
si desean,
dar limosna
es un deber.
Y es pecado
la riqueza:
la pobreza
santidad:
Dios a veces
es mendigo,
y al avaro
da castigo,
que le niegue
caridad.
Yo soy pobre y se lastiman
todos al verme plañir,
sin ver son mías sus riquezas todas,
qué mina inagotable es el pedir.
Mío es el mundo: como el aire libre...
Mal revuelto y andrajoso,
entre harapos
del lujo sátira soy,
y con mi aspecto asqueroso
me vengo del poderoso,
y a donde va, tras él voy.
Y a la hermosa
que respira
cien perfumes,
gala, amor,
la persigo
hasta que mira,
y me gozo
cuando aspira
mi punzante
mal olor.
Y las fiestas
y el contento
con mi acento
turbo yo,
y en la bulla
y la alegría
interrumpen
la armonía
mis harapos
y mi voz:
Mostrando cuán cerca habitan
el gozo y el padecer,
que no hay placer sin lágrimas, ni pena
que no traspire en medio del placer.
Mío es el mundo; como el aire libre...
Y para mí no hay mañana,
ni hay ayer;
olvido el bien como el mal,
nada me aflige ni afana;
me es igual para mañana
un palacio, un hospital.
Vivo ajeno
de memorias,
de cuidados
libre estoy;
busquen otros
oro y glorias,
yo no pienso
sino en hoy.
Y do quiera
vayan leyes,
quiten reyes,
reyes den;
yo soy pobre,
y al mendigo,
por el miedo
del castigo,
todos hacen
siempre bien.
Y un asilo donde quiera
y un lecho en el hospital
siempre hallaré, y un hoyo donde caiga
mi cuerpo miserable al espirar.
Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan, si doliente pido
una limosna por amor de Dios.
José de Espronceda
Siempre habrá poesía - Rima IV (G.A. Becquer)
No digáis que agotado su tesoro,
De asuntos falta, enmudeció la lira:
Podrá no haber poetas; pero siempre
Habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
Palpiten encendidas;
Mientras el sol las desgarradas nubes
De fuego y oro vista;
Mientras el aire en su regazo lleve
Perfumes y armonías,
Mientras haya en el mundo primavera,
¡Habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
Las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
Que al cálculo resista;
Mientras la humanidad siempre avanzando
No sepa a dó camina;
Mientras haya un misterio para el hombre,
¡Habrá poesía!
Mientras se sienta que se alegra el alma
Sin que los labios rían;
Mientras se llora sin que el llanto acuda
A nublar la pupila;
Mientras el corazón y la cabeza
Batallando prosigan;
Mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
Los ojos que los miran;
Mientras responda el labio suspirando
Al labio que suspira;
Mientras sentirse puedan en un beso
Dos almas confundidas;
Mientras exista una mujer hermosa,
¡Habrá poesía!
De asuntos falta, enmudeció la lira:
Podrá no haber poetas; pero siempre
Habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
Palpiten encendidas;
Mientras el sol las desgarradas nubes
De fuego y oro vista;
Mientras el aire en su regazo lleve
Perfumes y armonías,
Mientras haya en el mundo primavera,
¡Habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
Las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
Que al cálculo resista;
Mientras la humanidad siempre avanzando
No sepa a dó camina;
Mientras haya un misterio para el hombre,
¡Habrá poesía!
Mientras se sienta que se alegra el alma
Sin que los labios rían;
Mientras se llora sin que el llanto acuda
A nublar la pupila;
Mientras el corazón y la cabeza
Batallando prosigan;
Mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
Los ojos que los miran;
Mientras responda el labio suspirando
Al labio que suspira;
Mientras sentirse puedan en un beso
Dos almas confundidas;
Mientras exista una mujer hermosa,
¡Habrá poesía!
Gustavo Adolfo Becquer
Bendita ilusión (Antonio Machado)
Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida de donde nunca bebí?
Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía dentro de mi corazón;
y las doradas abejas iban fabricando en él,
con las amarguras viejas, blanca cera y dulce miel.
Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar.
Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón
que una fontana fluía dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida de donde nunca bebí?
Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía dentro de mi corazón;
y las doradas abejas iban fabricando en él,
con las amarguras viejas, blanca cera y dulce miel.
Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar.
Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón
Antonio Machado
Cuentan de un sabio...
Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.
Quejoso de mi fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?
Piadoso me has respondido.
Pues, volviendo a mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías,
las hubieras recogido.
(Fragmento de "La vida es sueño")
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.
Quejoso de mi fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?
Piadoso me has respondido.
Pues, volviendo a mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías,
las hubieras recogido.
(Fragmento de "La vida es sueño")
Pedro Calderón de la Barca
Retrato (Antonio Machado)
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Antonio Machado
Caminante no hay camino (Antonio Machado)
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.
Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...
Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...
Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso...
Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso...
Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso.
Antonio Machado
La canción del pirata (José de Espronceda)
Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
No corta el mar, sino vuela
un velero bergantín:
Bajel pirata que llaman
Por su bravura el temido,
En todo el mar conocido
Del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
En la lona gime el viento,
Y alza en blando movimiento
Olas de plata y azul;
Y ve el capitán pirata,
Cantando alegre en la popa,
Asia aun lado, al otro Europa
Y allá a su frente stambul.
Navega, velero mío,
Sin temor,
Que ni enemigo navío,
Ni tormenta ni bonanza
Tu rumbo a torcer alcanza,
Ni a sujetar tu valor.
Veinte presas Hemos hecho
A despecho Del inglés,
Y han rendido Sus pendones
Cien naciones A mis pies
Que es mi barco mi tesoro,
Que es ni dios la libertad;
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
Allá muevan feroz guerra
Ciegos reyes
Por un palmo mas de tierra:
Que yo tengo aquí por mío
Cuanto abarca el mar bravío
A quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa sea cualquiera,
ni bandera De esplendor,
Que no sienta Mi derecho
Y dé pecho a mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
Que es ni dios la libertad;
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
A la voz de ¡ barco viene !
Es de ver
Cómo vira y se previene
A todo trapo escapar;
Que yo soy el rey del mar,
Y mi furia es de temer.
En las presas yo divido
Lo cogido por igual:
Sólo quiero por riqueza
La belleza sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
Que es ni dios la libertad;
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
¡ Sentenciado estoy a muerte !
Yo me rió:
No me abandone la suerte,
Y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena.,
Quizá en su propio navío.
Y si caigo ¿qué es la vida?
Por perdida ya la di,
Cuando el yugo del esclavo,
Como un bravo sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
Que es ni dios la libertad;
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
Son mi música mejor
Aquilones
El estrépito y temblor,
De los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno al son violento,
Y del viento al rebramar
Yo me duermo sosegado
Arrullado por la mar.
Que es mi barco mi tesoro,
Que es ni dios la libertad;
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
José de Espronceda
Los cantos del trovador (fragmento)
Pero yo, que he pasado entre ilusiones,
Sueños de oro y de luz, mi dulce vida,
No os dejaré dormir en los salones
Donde al placer la soledad convida;
Ni esperar, revolviendo los tizones,
Al yerto amigo o la falaz querida,
Sin que más esperanza os alimente
Que ir contando las horas tristemente.
Los que vivís de alcázares señores,
Venid, yo halagaré vuestra pereza;
Niñas hermosas que morís de amores,
Venid, yo encantaré vuestra belleza;
Viejos que idolatráis vuestros mayores,
Venid, yo os contaré vuestra grandeza;
Venid a oír en dulces armonías
Las sabrosas historias de otros días.
Yo soy el Trovador que vaga errante:
Si son de vuestro parque estos linderos,
No me dejéis pasar, mandad que cante;
Que yo sé de los bravos caballeros
La dama ingrata y la cautiva amante,
La cita oculta y los combates fieros
Con que a cabo llevaron sus empresas
Por hermosas esclavas y princesas.
No os dejaré dormir en los salones
Donde al placer la soledad convida;
Ni esperar, revolviendo los tizones,
Al yerto amigo o la falaz querida,
Sin que más esperanza os alimente
Que ir contando las horas tristemente.
Los que vivís de alcázares señores,
Venid, yo halagaré vuestra pereza;
Niñas hermosas que morís de amores,
Venid, yo encantaré vuestra belleza;
Viejos que idolatráis vuestros mayores,
Venid, yo os contaré vuestra grandeza;
Venid a oír en dulces armonías
Las sabrosas historias de otros días.
Yo soy el Trovador que vaga errante:
Si son de vuestro parque estos linderos,
No me dejéis pasar, mandad que cante;
Que yo sé de los bravos caballeros
La dama ingrata y la cautiva amante,
La cita oculta y los combates fieros
Con que a cabo llevaron sus empresas
Por hermosas esclavas y princesas.
José Zorrilla
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