sábado, 10 de septiembre de 2011

Bendita ilusión (Antonio Machado)

Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía dentro de mi corazón;
y las doradas abejas iban fabricando en él,
con las amarguras viejas, blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón

Antonio Machado

Cuentan de un sabio...

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.


Quejoso de mi fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?
Piadoso me has respondido.
Pues, volviendo a mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías,
las hubieras recogido.


(Fragmento de "La vida es sueño")

Pedro Calderón de la Barca

Retrato (Antonio Machado)

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Antonio Machado

Caminante no hay camino (Antonio Machado)

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...
Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso.

Antonio Machado

La canción del pirata (José de Espronceda)

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
No corta el mar, sino vuela
un velero bergantín:

Bajel pirata que llaman
Por su bravura el temido,
En todo el mar conocido
Del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
En la lona gime el viento,
Y alza en blando movimiento
Olas de plata y azul;

Y ve el capitán pirata,
Cantando alegre en la popa,
Asia aun lado, al otro Europa
Y allá a su frente stambul.

Navega, velero mío,
Sin temor,
Que ni enemigo navío,
Ni tormenta ni bonanza
Tu rumbo a torcer alcanza,
Ni a sujetar tu valor.

Veinte presas Hemos hecho
A despecho Del inglés,
Y han rendido Sus pendones
Cien naciones A mis pies

Que es mi barco mi tesoro,
Que es ni dios la libertad;
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.

Allá muevan feroz guerra
Ciegos reyes
Por un palmo mas de tierra:
Que yo tengo aquí por mío
Cuanto abarca el mar bravío
A quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa sea cualquiera,
 ni bandera De esplendor,
Que no sienta Mi derecho
Y dé pecho a mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
Que es ni dios la libertad;
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.

A la voz de ¡ barco viene !
Es de ver
Cómo vira y se previene
A todo trapo escapar;
Que yo soy el rey del mar,
Y mi furia es de temer.

En las presas yo divido
Lo cogido por igual:
Sólo quiero por riqueza
La belleza sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
Que es ni dios la libertad;
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.

¡ Sentenciado estoy a muerte !
Yo me rió:
No me abandone la suerte,
Y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena.,
Quizá en su propio navío.

Y si caigo ¿qué es la vida?
Por perdida ya la di,
Cuando el yugo del esclavo,
Como un bravo sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
Que es ni dios la libertad;
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.

Son mi música mejor
Aquilones
El estrépito y temblor,
De los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno al son violento,
Y del viento al rebramar
Yo me duermo sosegado
Arrullado por la mar.

Que es mi barco mi tesoro,
Que es ni dios la libertad;
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.

José de Espronceda