miércoles, 31 de agosto de 2011

Adiós Madrid... Hola Pamplona

Si alguna regla no tiene excepción para confirmarse, esa es la regla del tiempo: el tiempo pasa y ya está, sin complejos, a su royo. El verano se ha terminado para mí, o más bien, las vacaciones de verano.

Cuando el verano empieza piensas en lo largo que va a ser y en las cosas que vas a hacer y en las que no. Eres consciente de que algún día llegará este día en el que todo habrá pasado y en el que pienses “ya se terminó, y ni me he enterado”, pero aún así, cada año llega este día y siempre te sorprende como si fuera la primera vez. Y por eso hoy vuelvo a pensar: “ya se ha pasado el verano, qué rápido, como si no hubieran pasado estos tres meses…”

Dos años de universidad a mis espaldas y otros dos que, en principio, me quedan por vivir. Uno nunca puede saber todo lo que ha aprendido en dos años de universidad; se pueden coger todos los apuntes desde el primer día hasta el último y pesarlos: “en lo que llevo de universidad he aprendido 5 Kg”. El conocimiento no se mide en apuntes, ni la experiencia en Kg. Cuánta diferencia hay entre aquel chico que entró en su primera clase de universidad con su camiseta negra de Blind Guardian, y el que entrará mañana en clase de latín. Aula 35 del edificio central de la universidad, un 1 de Septiembre por la mañana, parecen dos días muy parecidos, pero cuánta diferencia…

Bueno, el caso es que, a pesar de todos los cambios, hay cosas que no cambian, y un año más tengo que decir “Buenas noches Madrid”, pero sobre todo “Buenos días Pamplona”.

sábado, 27 de agosto de 2011

¿Duda?


No temo tanto la pólvora como a la duda. Es la duda el arma más letal de mis enemigos, y de todo aquél que quiera hacerme daño, el peor de los daños. Y no hay nadie capaz de sembrar la duda en mi interior como yo mismo. Muchos lo han intentado, pero como yo no lo ha conseguido ninguno.

Todos deberíamos luchar por algo, pues eso por lo que luchamos es el sentido que toma nuestra vida. Sin nada por lo que luchar, nada por lo que vivir, y no tener nada por lo que vivir significa vivir una vida sin sentido. Y cuando uno quiere luchar por algo y empieza un camino hacia una meta concreta, pronto se dará cuenta de que no llegará hasta el final sin pasar por dificultades. Dependiendo de cada persona y de sus circunstancias, surgirán unos obstáculos u otros, pero hay uno que aparece casi siempre: la duda. El mayor de los obstáculos para quien lucha por algo. Dudar de que se vaya a conseguir, dudar de que merezca la pena, dudar de si tus creencias son ciertas, dudar de si tienes o no apoyo de otras personas, de si te van a traicionar o no… La duda.

Sin embargo, yo no podría decir que lo que hay que hacer es acabar con la duda en absoluto y ya está, problema resuelto. Al margen de lo difícil que sería eso, la duda es necesaria, o a mí al menos me lo parece. Uno no puede creerse todo lo que le dicen, no es que haya que estar dudando continuamente, pero la capacidad de dudar no puede ser mala de por sí.

Creo que la capacidad de dudar está realmente ligada con la libertad. Dudamos porque somos libres, y en el momento en el que recibimos la libertad recibimos también la capacidad de dudar. Y al igual que la libertad, la duda se puede usar bien o mal. No creo que la duda en exceso sea positiva. Descartes, tras dudar de todo, se dio cuenta de que no podía dudar de que estaba dudando, eso era innegable. Pero llegar a ese punto, en el que lo único de lo que no puedes dudar es de que estás dudando, es horrible, es para la locura. Nada del mundo es creíble, nada de la realidad es seguro. Yo por lo menos no podría vivir esa situación; si sólo cuando dudo de un par de creencias ya lo paso mal…

La duda me parece la más afilada de las espadas; capaz de hacer tambalear a cualquiera. Y yo por lo menos, como creyente, tengo la esperanza de que la puedo cagar de mil formas distintas, y hasta con creatividad y gracia, y a pesar de ello estará Dios detrás, velando. No sé qué sería de mí si no tuviera esa fe, esa creencia; quizás, al no creer en nada, no tendría nada de lo que dudar y sería más feliz. Pero eso significaría que no tendría nada por lo que luchar, y eso sí que acabaría conmigo, eso es mucho peor que el mal trago de la duda. Me encanta tener algo por lo que luchar, y por tanto algo de lo que dudar. No puedo quejarme de que surjan en mí algunas dudas porque eso significa que hay algo de lo que dudar, significa que tengo alguna meta. Poder dudar de la misma verdad, esa es mi esperanza.

jueves, 25 de agosto de 2011

Bailando bajo la lluvia

“Permaneced en mí, y yo en vosotros” (Jn 15, 4) Y así fue. Esas palabras resonaban en Cuatro Vientos cuando la tormenta descargó.

Habrá páginas y páginas escritas sobre aquella vigilia en Madrid, pero lo que los presentes sentimos lo llevamos cada uno dentro, y no hay forma alguna de robarnos la experiencia. ¿Qué experiencia? Pues eso depende de cada uno, porque aunque ha sido una experiencia común de toda una semana, cada uno se quedará con algo distinto, cada uno se quedará con su propia experiencia. Muchos con lo horriblemente mal que se han portado los italianos, otras con lo guapos que eran algunos de esos mismos italianos, pero habrá también quien se quede con una experiencia mucho más profunda que eso.

Sin embargo, mucho me temo que yo no soy de esos. La mía no ha sido una experiencia profunda, sino épica. Me parece impresionante que casi 2 millones de personas reunidas guarden silencio durante 15 minutos para rezar, para adorar; y que realmente no se oiga otra cosa que el viento. Ante esa imagen se me vienen a la cabeza aquellos versos de Simón & Garfunkel:

And in the naked light I saw
Ten thousand people, maybe more.
People talking without speaking,
People hearing without listening,
People writing songs that voices never share
And no one dare Disturb the sound of silence.

Es impresionante, pero no fue eso lo que más me movió el corazón. No fue esa mi oración más profunda. Lo que a mí realmente me encantó de esa noche fue la tormenta, y cómo reaccionamos. Me pareció tremendamente épico. Ya de por sí el vendaval y la lluvia eran impresionantes. Ver una carpa de adoración medio volando por los aires tampoco estuvo mal. Era una señora tormenta y lo mejor fue la reacción de la gente, que no fueron quejas, sino risas y gritos de alegría.

Imaginaos al típico pirata loco de novela, que en medio de la tormenta canturrea alegre, de pie sobre una verga y sujeto al mástil con una sola mano. El barco se va a pique pero él en su locura no teme la tormenta sino que la sonríe, pues no puede haber mayor suerte para él que morir a manos del viento, la lluvia y la mar. Pues bien, sustituid ahora el barco por la explanada de Cuatro Vientos, y al pirata por un millón y medio de católicos (por lo menos tan locos como él). Y es que no puede haber mayor gracia para nosotros que morir sonriendo por Aquél en quien creemos. Es cierto que no nos estábamos jugando la vida, pero sí podría surgir el miedo de que la JMJ de Madrid muriera, es decir, que tuviera que anularse por el mal tiempo. Sin embargo, ni el Papa quiso irse de allí ni nosotros tampoco. Permanecimos en Cristo, y la lluvia cesó, y de esa forma se confirmó lo que Benedicto XVI nos había dicho momentos antes: “Dios con la lluvia nos manda muchas bendiciones”. Seguro que no soy consciente de todas las bendiciones que se derramaron con aquella lluvia, pero sí soy consciente al menos de una: pude comprobar que la Iglesia de Cristo no se tambalea por una simple tormenta. Pero es que en realidad la misma lluvia fue la bendición, porque gracias a ella vivimos más unidos aquel encuentro. Por algún motivo, la lluvia nos hizo estar más alegres a muchos. Sin ella a lo mejor muchos no tendríamos ahora nada que contar, y es quizás por ello por lo que Dios nos envió la tormenta, para despertarnos y que aquel acontecimiento no pasase indiferente.

lunes, 15 de agosto de 2011

JMJ

¡Que vienen, que vienen! ¡EEO! ¡Que vienen, que vienen! ¡OOA! Pues eso, que ya vienen los peregrinos de la JMJ. Los institutos y polideportivos ya están listos para su acogida, los desayunos almacenados y preparados, las mochilas listas para repartir. Se nos echa encima una semana inolvidable.

A mucha gente no le gusta, pero a pesar de ello el Papa viene a Madrid (seguro que si viniese el Dalai Lama no se quejarían tanto), va a dirigirse directamente a los jóvenes, a dirigirnos unas palabras específicas y pensadas para nosotros. Ha pensado en nuestro país y ha considerado que sería bueno venir aquí. En realidad eso no es una buena señal, pero yo estoy feliz de que venga a España. Un montón de gente (de jóvenes) de todo el mundo se van a mover de los asientos de sus casas para venir aquí y montar una fiesta que flipas, y lo mejor: prácticamente todos nos vamos a acordar a la mañana siguiente, sin lagunas, ni colocones, ni vomitonas... ¡Y nos lo vamos a pasar bien! ¡¡¿INCREIBLE NO?!!

No sé qué es lo que pasa, a todo el mundo le molan las fiestas, menos cuando es católica, esas fiestas a muchos les repatea. (Dejádnos hacer nuestro macro-botellón católico por favor) La gente se queja y se creen (engañados) que están pagando un pastón porque viene el papa, pero lo siento, el papa no es el culpable; si se trata de dinero, la crisis lleva cociéndose desde antes.

Pero lo que al final importa es que miles de cristianos se van a reunir precisamente por eso: por Cristo, y se va a gritar su nombre sin miedo alguno. Ojalá se despierte en todos nosotros un sueño: que se puede construir Su reino, un reino mucho mejor para todos. Ojalá nos lo pasemos mejor que en toda nuestra vida, ojalá que lo recordemos siempre, ojalá que todo el mundo, y sobre todo los españoles, conozcan mejor a la iglesia, la conozcan en primera persona y sin mediaciones, y a través de ella conozcan a Aquél que nos mueve y da esperanza.

jueves, 11 de agosto de 2011

Mi pueblo, escúchame

Aquí voy a dejar un fragmento de la letra de una canción de Lilli Goodman, que me parece que debería escuchar todo el mundo. Como en música los gustos no están escritos, prefiero poner la letra para que se lea y luego cada uno si quiere que escuche la canción. Aquí la dejo:

"Mi pueblo escúchame lo que voy a decirte, solo será un minuto si tienes que irte, no quiero digas nada simplemente escucha, perdona que algún momento te interrumpa. Hoy hace dos mil años fui crucificado, mi cuerpo escupido y ensangrentado, llevé todas tus culpas sobre mi costado, para darte la vida eterna como un regalo. Y surgen preguntas ¿Por qué no me escuchas?¿Por qué no me miras?¿Por que no me abrazas? La hipocresía a cegado tu mente, y dices que me amas.

Te has hecho muy fuerte en tus razonamientos, has cambiado mi gloria por tus sentimientos, a veces por las noches vengo y te despierto, pero ya no te importa hablarme un momento. Te pasas todo el tiempo hablando cosas vanas, si en la televisión, las modas o la fama; has perdido la santidad que en ti brillaba, sabes más de novelas que de mi palabra. Mi anhelo es usarte, que muestres mi gloria, llenarte de unción y que rebose tu copa, que cambies al mundo cada vez que hables, pues el tiempo se agota... se agota."

La canción continúa, pero yo sólo he puesto la primera mitad, que es la que más me gusta. Aquí tenéis el vídeo con la canción y la letra.

domingo, 7 de agosto de 2011

Medalla de San Benito

Esta es la medalla de San Benito, un gran santo del s.V, conocido principalmente por su regla para la vida monástica, resumida en sus famosas palabras "ora et labora" (reza y trabaja).

Pero lo que yo quiero hacer aquí es simplemente exponer la explicación de la medalla, o al menos todo lo que yo sé de ella, que, seguro, no es todo lo que se puede saber.

En una de las caras vemos que está el santo de pie, con el hábito lógicamente ya que era religioso; lleva una cruz en su mano derecha y en la izquierda, aunque no se distinga muy bien en la imagen que he puesto, lleva un libro, el cual simboliza la ya mencionada regla de San Benito. Alrededor de esa misma imagen  vemos la siguiente inscripción en latín: "EIVS IN OBITU NOSTRO PRAESENTIA MVNIAMVR" que en español significa "que en la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia" (San benito es el patrón de la buena muerte).

En la otra cara de la medalla vemos una serie de iniciales:

Las más grandes:
C S P B: Crux Sancti Patris Benedicti - La cruz del santo padre Benito

Formando la cruz:
C S S M L: Crux Sacra Sit Mihi Lux - La cruz sagrada sea mi luz 
N D S M D: Non Draco Sit Mihi Dux - El dragón no sea mi guía

Alrededor de la cruz:
V R S: Vade Retro Satana - ¡Apártate Satanás! 
N S M V: Numquam Suade Mihi Vana - No sugieras cosas vanas 
S M Q L: Sunt Mala Quae Libas - Lo que me ofreces es venenoso 
I V B: Ipse Venena Bibas - Trágatelo tú mismo

Y finalmente, en la parte de arriba pone la palabra PAX, que aunque no haga falta traducirla, significa "paz". La medalla entera es una oración para pedir a Dios que aleje a Satanás de nosotros. Me temo que el demonio es muy real. San Benito lo sabía y lucho valientemente contra él, y a su paso nos dejó esta gran herramienta para ayudarnos en nuestras luchas contra Satanás.

jueves, 4 de agosto de 2011

En directo

¡¡Benditas tecnologías!! Este año no he podido ir a Medjugore, muy a mi pesar, pero la tecnología moderna permite que pueda seguir el festival de jóvenes en directo.
Aunque no tiene nada que ver el estar allí con verlo por internet, pero aún así no está nada mal, se pueden escuchar los testimonios, y yo por lo menos no me voy a perder la fiesta de mañana por la noche (aunque sea online).

miércoles, 3 de agosto de 2011

Soy Minero


A lo mejor no todos deberíamos ser mineros, pero la actitud de este es envidiable e imitable... Aquí dejo la letra:


Soy minero, no es por dinero,
refuerzo mi ego picando carbón.
Soy minero y no tengo miedo
a la silicosis ni al gas grisú.

Pongo a todo volumen Antonio Molina

y en toda la mina se pica mejor.
Soy minero, vivo en Langreo
y soy del Sporting de Gijón.

Pongo a todo volumen Antonio Molina

y en toda la mina se pica mejor.
Soy minero, vivo en Langreo
y soy del Sporting de Gijón.

Hulla, turba, lignito, antracita,

bocata de chopped envuelto en albal.
Los problemas se quedan arriba,
abajo en la mina todo da igual.

Porque no me gusta la superficie,

odio la vida superficial.
Soy minero, de padre minero,
y todos mis hijos también lo serán.